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Para reafirmar lo anteriormente expresado, las presentes líneas no dejan de ser un humilde testimonio personal con el deseo de que algo de lo que fue parte de la vida quede escrito y sirva como referencia circunstancial. A pesar de ello estimo la opinión del desaparecido Dr. Eleazar Silveira, ilustre medico quien expresara que ésta era una forma de hacer catarsis. Buscando esta palabra en el diccionario, encuentro: “CATARSIS. (Del griego kátharsis, purificación) f. En estética liberación o cura de los males del espíritu gracias a las emociones provocadas por uno u otro arte”. Pienso que su opinión fue acertada. De la misma manera que la confesión bien entendida, libera al ofensor de la pesada carga que soporta su conciencia. Pero por sobre toda explicación, he disfrutado enormemente haciéndolo.

jueves, 9 de junio de 2016

EL DR. PEREZ FERNANDEZ




                                                                       Fue el médico de nuestra familia, durante muchos años. Era el típico médico de cabecera, que atendía también a domicilio,  y se le consultaba por cualquier dolencia.  En aquellos tiempos la medicina era un apostolado en que la vocación y la capacidad de servir a los demás eran imprescindibles. Poseía la  santa gracia de curar, y  que  de ella depende la virtud  del médico, por encima de sus conocimientos, dedicación o procedimientos.  Podía consultársele hasta por problemas personales, siempre había en él, una respuesta oportuna,  sincera y consoladora. Era hijo de inmigrantes gallegos, que llegaron al país con el único capital de  la esperanza de un mejor futuro.  Lo conocí durante mi infancia y aún recuerdo la anhelada llegada a nuestra casa, −tarde, por la noche− después de un agotador día de trabajo,  cuando alguno de nosotros, (generalmente mis abuelos)  enfermaba. En  su sola presencia ante el paciente, ya estaba implícito el comienzo de la curación y la esperanza de la salud. Fue médico jefe, no recuerdo en que especialidad en el Hospital Álvarez, de Buenos Aires y tenía su consultorio en la avenida Donato Álvarez, en Flores. La última vez que lo vi, fue en nuestra casa en  Palermo cuando redactó el certificado de defunción, en ocasión del fallecimiento de mi abuelo Fructuoso. Para esos años ya era mayor. Aún permanece en mi memoria,   su cálida sonrisa, sus palabras afectuosas y su desinteresada  e íntegra  personalidad.  Envío desde estas líneas mi afectuoso homenaje al  estimado y valioso  médico que se llamó en vida:……..José Pérez Fernández.  

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