Fue
el médico de nuestra familia, durante muchos años. Era el típico médico de
cabecera, que atendía también a domicilio, y se le consultaba por cualquier dolencia. En aquellos tiempos la medicina era un
apostolado en que la vocación y la capacidad de servir a los demás eran
imprescindibles. Poseía la santa gracia
de curar, y que de ella depende la virtud del médico, por encima de sus conocimientos,
dedicación o procedimientos. Podía
consultársele hasta por problemas personales, siempre había en él, una
respuesta oportuna, sincera y
consoladora. Era hijo de inmigrantes gallegos, que llegaron al país con el
único capital de la esperanza de un
mejor futuro. Lo conocí durante mi
infancia y aún recuerdo la anhelada llegada a nuestra casa, −tarde, por la
noche− después de un agotador día de trabajo, cuando alguno de nosotros, (generalmente mis
abuelos) enfermaba. En su sola presencia ante el paciente, ya estaba
implícito el comienzo de la curación y la esperanza de la salud. Fue médico jefe,
no recuerdo en que especialidad en el Hospital Álvarez, de Buenos Aires y tenía
su consultorio en la avenida Donato Álvarez, en Flores. La última vez que lo vi,
fue en nuestra casa en Palermo cuando
redactó el certificado de defunción, en ocasión del fallecimiento de mi abuelo
Fructuoso. Para esos años ya era mayor. Aún permanece en mi memoria, su cálida
sonrisa, sus palabras afectuosas y su desinteresada e íntegra personalidad. Envío desde estas líneas mi afectuoso homenaje
al estimado y valioso médico que se llamó en vida:……..José Pérez
Fernández.
Estas anotaciones forman parte de recuerdos, de acontecimientos que pasaron, unos distantes en el tiempo, otros más recientes y que tienen para mí algún valor anecdótico o simplemente pretenden ser testimonios, evocaciones, sencillos homenajes a instituciones, personas, etc. Son sucesos aislados no correlativos, los más con fechas imprecisas, que no obedecen a ningún orden cronológico sino que brotan espontáneamente de la mente.
.
Para reafirmar lo anteriormente expresado, las presentes líneas no dejan de ser un humilde testimonio personal con el deseo de que algo de lo que fue parte de la vida quede escrito y sirva como referencia circunstancial. A pesar de ello estimo la opinión del desaparecido Dr. Eleazar Silveira, ilustre medico quien expresara que ésta era una forma de hacer catarsis. Buscando esta palabra en el diccionario, encuentro: “CATARSIS. (Del griego kátharsis, purificación) f. En estética liberación o cura de los males del espíritu gracias a las emociones provocadas por uno u otro arte”. Pienso que su opinión fue acertada. De la misma manera que la confesión bien entendida, libera al ofensor de la pesada carga que soporta su conciencia. Pero por sobre toda explicación, he disfrutado enormemente haciéndolo.
jueves, 9 de junio de 2016
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