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Para reafirmar lo anteriormente expresado, las presentes líneas no dejan de ser un humilde testimonio personal con el deseo de que algo de lo que fue parte de la vida quede escrito y sirva como referencia circunstancial. A pesar de ello estimo la opinión del desaparecido Dr. Eleazar Silveira, ilustre medico quien expresara que ésta era una forma de hacer catarsis. Buscando esta palabra en el diccionario, encuentro: “CATARSIS. (Del griego kátharsis, purificación) f. En estética liberación o cura de los males del espíritu gracias a las emociones provocadas por uno u otro arte”. Pienso que su opinión fue acertada. De la misma manera que la confesión bien entendida, libera al ofensor de la pesada carga que soporta su conciencia. Pero por sobre toda explicación, he disfrutado enormemente haciéndolo.

jueves, 9 de junio de 2016

DECLAMANDO




                                   El maestro Núñez, −de tan grata recordación−  como buen declamador que era, nos exigía participar en esta actividad.
 Es probable que ese arte formara parte de los programas de estudio de la escuela primaria de aquella época. Lo cierto era que debíamos memorizar las poesías, que el maestro decidía y luego recitarlas   ante la clase.
 Entre aquellos recuerdos, ya borrosos por el tiempo transcurrido viene a mi mente uno en el que soy protagonista: Debíamos declamar una poesía gauchesca en la  que se  describía una pelea a cuchillo entre dos hombres. Un compañero tras otro fue haciendo su representación, unos con soltura y destreza, otros inhibidos y vergonzosos,   hasta que llegó mi turno.

 Debo confesar aquí,  que tenía y todavía tengo un miedo escénico  formidable……y haciendo de tripas corazón,  subí al estrado del aula y ante el maestro y mis compañeros empecé mi recitado. Seguramente, dado mi nerviosismo, no enfatizaba con suficiente emoción  las palabras y no gesticulaba adecuadamente,  el maestro  me interrumpió  y  corrigió. Continué el recitado,  y en una parte de la poesía uno de los protagonistas  recibe una puñalada. Aquí el dramatismo es  extremo y el “apuñalado” es herido de muerte; y yo al intentar dar  mayor garra emocional al desgraciado  momento, … olvidé   la letra…..   Entonces,  para salir del compromiso como fuere,  inventé otra,… y tomándome con la mano el vientre, gesticulando e imaginando la sangrante herida mortal,…recité:… −¡Ay,  no puedo más!......Fue demasiado,…...porqué al terminar la última sílaba  y ya sin saber como continuar,  me estalló una irrefrenable risa que de inmediato se transformó en sonora carcajada que se generalizó estrepitosamente   entre mis condiscípulos, hasta que el maestro  también partícipe  en el  jocoso frenesí  y apenas  dominándose,……nos .llamó a la calma y la moderación. 

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