Si,
es verdad, está en la plaza Primero de Mayo, en Buenos Aires, exactamente
ubicada entre las calles Pichincha, Pasco,
Alsina y H. Yrigoyen. Es de bronce, de cuerpo entero con el torso
desnudo y carga sobre uno de sus hombros una maza con un largo cabo.
Él no ha sido ni
un héroe, ni una figura pública, ni nada por el estilo. Fue guardián en el Parque
Lezama y a la vez fungía como modelo de pintores y escultores.
Cerca del parque estaba la Academia de Bellas
Artes y es de allí donde seguramente fue
contactado por el escultor Ernesto Soto Avendaño, autor de la obra.
Se la denomina
“Monumento al Trabajo” y representa a un obrero de edad madura. El artista
arriba nombrado, obtuvo con esta obra el Primer Premio Nacional de Escultura de 1921. Posteriormente la obra
fue adquirida por el Concejo Deliberante y ubicada en la referida plaza, la
cual fue inaugurada el 14 de abril de 1928 y en el mismo acto develada la
estatua.
Conocí esta
escultura de niño, de la mano de mi abuela Josefa Núñez. Me llevó una tarde para
que “conociese” a su padre, mi bisabuelo. El artista había copiado exactamente
sus facciones y su figura, por lo que mi abuela se emocionaba al verla.
Él había llegado de su Galicia natal a
principios del pasado siglo a Buenos Aires. Fue herrero en España y forjando
con un martillo un hierro al rojo sobre el yunque, se desprendió una esquirla que
fue a dar en un ojo de mi abuela, una niña de cinco años. Ella perdió el ojo y
su padre cargó un remordimiento por el resto de su vida. Murió en 1933, a los 74 años y se
llamaba Juan Núñez.
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